24.7.2008 / Ni Kapeluz ni Santillana

Laviga avisa, Katarsis difunde: material de divulgación histórico, biológico, social y antropomórfico/lógico para todas las edades… por aquí.

Laviga avisa, Katarsis difunde: material de divulgación histórico, biológico, social y antropomórfico/lógico para todas las edades… por aquí.
… que, como si fuese poco rollo, resulta que también es psicoanalista y periodista. Tom Lupo fue en su momento uno de esos colaboradores de Cerdos & Peces que en cada número aportaba la dosis justa de prosa surrealista y filosofia cotidiana. En la actualidad tiene su espacio radial donde fusiona poesía, música y cultura nacional.
Hace un par de años editó un librillo con varios poemas y relatos, cosa que forunkulo consiguió vaya uno a saber dónde y en uno de estos días que estuvo al pedo y con ganas, se le dió por digitalizarlo y así sumar otro documento inédito a la biblioteca local y al archivo de libros que circula por la web.
Tom Lupo / “Entre muebles y sombras” / Gárgola Ediciones 2004 / Descarga

“Siempre habrá religiones, porque las religiones viven de la angustia y del miedo de los hombres, y porque estamos lejos de haber terminado con los temores existenciales. El ateo está condenado a militar por una causa perdida. Pero poco importa que esté perdida, si es una causa justa. Lo irracional, lo irrazonable, la ilusión, las ficciones disponen de un futuro grandioso, pues el mundo liberal que se prepara en nuestro planeta odia la cultura, que hace retroceder a los mitos, entre ellos, la religión.”
Lo dice Michael Onfray en una de sus entrevistas. A propósito de su Tratado de ateología.
Amén.

(Nota extraída de la publicación “Cerdos & Peces”, N. 21, Buenos Aires, Diciembre 1989).
La huella es la efímera unión entre el pie y la arena. Ella siente el delicioso escalofrío que recorre el universo cuando aquel que anda y el mundo se encuentran. Pera ella es única. Las que le siguen y las que le anteceden cuentan la historia de un mundo perdido. No existe nuestro paso por el mundo, somos el paso que da el mundo sobre la nada. No veníamos de ninguna parte ni vamos hacia algún lugar. Si hay algo que duele, es solo el andar.

Jueves a la tarde. Luna anaranjada, recortada en el cielo. Desde dentro de la casa llega un jazz de la época en que los músicos perdían el culo tocándolo. Quizás sea un Miles Davis, aunque no puedo precisarlo. De un momento al otro aparece Analía con dos copas y un Callia malbec. Me cuenta, entre otras cosas, que en breve piensa construirse una especie de búnker-estudio-sala de descanso en el fondo de este jardín. Que hace un buen tiempo se recibió primero de socióloga y después de antropóloga en la Universidad de La Plata, y que hace nomás un ratito volvió de unas charlas sobre metafísica y que está averiguando algún lugar donde poder aprender cocina tailandesa. Que anda fascinada con el animé japonés de ciencia ficción y que lo último que vió fue la segunda película de Ghost in the Shell. Que efectivamente lo que suena es “Milestones” de Miles Davis. Que escucha de todo (“una cosa para cada momento”) pero que el jazz representa la banda de sonido perfecta a esa búsqueda interminable que encarna el misterio del mundo. Que no para de buscar el encendedor que hasta hace unos minutos tenía en la mano.
Hablando en serio, ¿cuál es la búsqueda?
El camino hacia la libertad, la libertad interior. Suena a frase boba, pero te explico. La búsqueda es despegarse del rol, en mi caso de ser madre y profesora, de mi rol como mujer en este mundo que nos tocó vivir. Despegarme para volverme más… líquida. Como el agua. El día que no busque nada, estaré lista para irme. Mientras tanto, hay muchas cosas en las que creer, siempre tenemos que aferrarnos a algo.
¿En qué crees?
En un par de cosas, pero sobre todo en el amor.
¿Qué es el amor?
El amor es armonía universal, es crear, es la ley que resume todas las leyes. Hay muchísimo más, más allá de todo esto, solo vemos un infinitésimo de todo. Actuamos de acuerdo a nuestros roles más que por nosostros mismos. Esos roles son los que nos encajonan en un sitio del cual es muy difícil escapar. Esa es la búsqueda: poder separarse de todo. Sé que hay mucha gente buscando, algunos ni saben a ciencia cierta lo que buscan, simplemente saben que hay algo más allá de todo esto y van en busca de ello. Son caminos que demandan mucha práctica.
¿Y cómo lográs trasladar todo eso a la vida cotidiana?
Es difícil. Uno tiene que adaptarse a este mundo de alguna forma para ser aceptado, a ser un ciudadano correcto para los ojos de la gente, la misma que te juzga y te condena y te margina de una forma u otra. O te encierran. Entonces se hace necesario preservarse bajo una máscara, en mi caso de seriedad, timidez y corrección. Quisiera poder encarar todo en mi vida con esta visión, poder callar mis emociones negativas y alimentarme de estas ideas positivas para poder fluir. Pero es difícil. Esa es básicamente mi lucha. Pasa por las ataduras que generan los roles, los compromisos, los proyectos, incluso las palabras, todas esas paredes implacables que nos separan y nos alejan del misterio y de lo imprevisible que puede llegar a ser este viaje único y maravilloso. Lo que sigue es el acostumbramiento, asumimos que este estado de las cosas es natural, nos olvidamos de todo. Nos vamos domesticando, somos animalitos en una jaula con TVs gigantes, aventuras en DVD, celulares multifunción y conexión de banda ancha a Internet.
Creo que uno se aferra a lo mucho o poco que tiene a su alcance por miedo a lo desconocido.
Estoy convencida que solo le tememos a lo conocido. Lo desconocido no debería hacer otra cosa más que atraernos. Eso: lo desconocido y lo prohibido, lo intangible. Bucear las profundidades del abismo. Divagar… es una forma de escape. Perderse en un espacio que misteriosamente puede ser compartido cuando se está en la misma frecuencia y cuando un mismo origen o destino es afin, a veces por una misma carencia o pregunta, otras… la misma pasión. Pasión por el misterio que nos trajo hasta aquí, buscando algo. Una búsqueda trascendente es apasionada.
A través de la religión, quizás…
En esta etapa de mi vida no adhiero a ninguna religión en particular. Respeto todas las creencias pero veo y creo en el universo con mi percepción individual, humana, falible, imperfecta pero perfectible a cada paso. Hay una música que hace danzar las existencias. El origen y el fin. ¿Qué es crear? Desear, realizar una idea, amarla. Eso es el universo. Una danza creadora. Y es tan pequeño y enorme a la vez, que es imposible de concebirse en nuestras mentes. Ignoro cómo se originó todo y de todas formas no interesa demasiado. Sólo sé que ocurrió con la misma naturalidad o espontaneidad con la que se fecunda un óvulo o se da un abrazo a un ser querido.
La pregunta sería: cómo, y sobre todo para qué.
Evolución. Evolución espiritual. Una especie de escuela simulada para aprender. ¿Tal vez un gran ensayo? De todas formas el bendito universo seguiría siendo el mismo si no existiésemos. Hay millones de planetas además del nuestro, no somos los únicos con la virtud de la existencia.
Un ensayo… ¿con qué propósito?
Con el proposito de trascender la ilusión.
¿Cómo es eso?
No hay un plan. Los planes son inventos humanos salidos de nuestra tridimensionalidad y de nuestra incapacidad de trascender los límites de lo conocido, de separarnos de nuestros roles, de trascender la ilusión. Y eso nos hace creer que sabemos algo, que siempre supimos algo, que sabemos dónde estamos y que sabemos lo que hacemos. Pero lo único que podemos llegar a saber, o a lo sumo intuir, es que hay algo más que todo esto. Ahora simplemente estamos en este proceso y evolucionamos en esa dirección, aprendiendo a trascender la ilusión de la materia y el tiempo, aprendiendo a amar por encima de las circunstancias para abordar al destino y origen de un nuevo ciclo.
¿Y entonces?
¿Y entonces? Lo mismo se preguntarán nuestros electrones… (risas)
El acto de comprender es una ilusión.
La razón es una construcción, entender es un ejercicio de esa construcción humana. Pero amar, desear, crear… son actos constantes. La atracción por afinidades, la repulsión, causa-efecto, son leyes que se repiten constantemente, en todos lados. La dualidad, al igual que los ciclos, supone una constante, y a la vez se conforma como eje de todas las creencias y religiones. La simple observación de la naturaleza es el eje, lo demás son agregados sociales, culturales y políticos.
¿Hacia dónde estamos yendo?
Hacia un nuevo orden, otro nivel de organización superior. Superior en cuanto a complejidad. Vamos hacia algo más complejo, no sé si peor o mejor, pero estamos encaminados en esa dirección, eso dependerá del estado de conciencia del conjunto de inteligencias. Esa complejidad – a la vez complicación, ese ordenamiento implica agregación, distribución de tareas, efectividad en los procesos. Hablando desde una concepción bien biológica del asunto, por supuesto, aunque podríamos extrapolarlo también a otros planos. Estamos en una etapa de shock post revolución tecnológica, pero aún ni siquiera vislumbramos los alcances de esta red que se va, no ya extendiendo, pero sí profundizando. O sí, creo que hay algunas pocas mentes que han conformado extraordinarias visiones acerca de esto.
El fantasma en la máquina…
Nunca estuvimos tan “conectados”. La dependencia es cada vez mayor y esto es tan sólo el comienzo. Así se va conformando otro mundo paralelo cuya relevancia se acrecienta gradualmente y en donde se redefine nuestra percepción y la naturaleza de las relaciones interpersonales. Pero eso no significa que estemos cada vez más solos. La soledad, al igual que el tiempo, es una ilusión también, un fantasma. Sólo tenemos que aprender a desplazarla con un cambio de conciencia, que no es lo mismo que un cambio en el estado de conciencia. Cuando estemos adaptados a las nuevas tecnologías, podremos usarlas para llegar al otro más profundamente, o bien tener tiempo para desconectarnos de la tecnología con el fin de explorar otros universos más dulces, más naturales.
No estoy seguro. Para mí que todo estalla antes de lo que suponemos.
¡Qué apocalíptico! ¿Te sentís bien? (risas). De alguna forma aún nos queda mucho por recorrer. Podemos percibir el misterio de las cosas sin develarlo a ciencia cierta. Pero es verdad, la recta no alberga demasiadas esperanzas: es implacable. Sólo se atenúa con la reanudación de los ciclos, con la pulsión de los eclipses.
¿Qué tienen los eclipses?
Los eclipses nos hacen tomas de conciencia de la circularidad de los movimientos planetarios y la circularidad del tiempo. La naturaleza es cíclica, pero caminar por la recta nos deshumanizó. Somos un ciclo de energía amorosa pero no logramos trascender porque vivimos pensando en que somos finitos, materiales, y que evolucionamos en una recta. Primero fue la energía, después vino todo el resto que se fue armando y ensamblando, perdiendo libertad, “ordenándose”. Nos ordenamos y actuamos nuestro papel. Se conforma la linearidad de los guiones a través del tiempo y se van imponiendo los límites de nuestro recorrido. Por eso algunos nos evadimos. Es inevitable. ¿Acaso no te sentís extraño por disfrutar de ciertas cosas? A mí sí me ocurre. Esos placeres… me tornan extraña. O no sé. Quizás por ahí tenga alguna neurona eclipsada (risas).
¿Y desde cuando los eclipses pueden llegar a ser tan reveladores?
Desde que los astros en lugar de chocar… imaginan que hacen el amor al cruzarse. Al final, todo lo temido se transforma en bello.
Antes que estalle todo el rollo de los cortes, la guerra gaucha y el desabastecimiento y encarecimiento de la batata y el chorizo que aqueja al país… o al menos cuando recién todo eso estaba empezando a asomar cabeza… se venía hablando con cierta continuidad de cosas como ésta. Después, la cosa se hizo humo y no precisamente humo dulce. Aunque M. me acaba de pasar el dato de que el proyecto YA ES LEY. ¿Será? A propósito, a ver qué opina la plebe sobre el tema.

Y así y todo, en algún momento de la carrera de diseño (allá lejos y en el tiempo) nos tocó centrarnos en el estudio y análisis de cosas como estas… Motion, integración en secuencia, tipografía en movimiento y demás en los títulos de crédito de apertura de films. Toda una ciencia (¿o un arte?) que se inició hace varias décadas atrás con el trabajo de Saul Bass.
Y ya que estamos más o menos en tema, para los que esperan la reanudación de la cuarta temporada de Lost, prueben a bajar los niveles de ansiedad con Carnivale, una serie producida por HBO que data del 2003 con altas dosis de suspenso y mística, por llamarlo de alguna manera. Incluso se lo puede ver a Michael J. Anderson (el enano surrealista de la Habitación Roja de Twin Peaks) en un brillante papel coprotagónico a lo largo de toda la historia. De hecho en Carnivale se puede advertir un claro mix de influencias a partir de la serie de Lynch y de Freaks de Todd Browning.

Sin mucho más que aclarar… 24 capítulos que te dejan con el culo atornillado al asiento. Disponible en bitorrent y en su videoclú amigo.