1.5.2006 / Yo-yo

Mi credo fue disparado en tres direcciones, cuatro segundos y sin comentarios. A la vista de todo cuanto había, se desmoronó finalmente en un par de asaltos.
Yo era esa vocecita de instantáneos amaneceres jugando con tu lánguida cabellera al borde de un pantano. Ese pálido murmullo tejiéndose por detrás de todas tus respiraciones. Aquel coño idolatrado por una congregación de ilustres vagabundos y monjas de antaño. Ahora copulo compulsivamente con siestas – toco alquitrán madera rosa espera vuelto esencia hueco ladrido inminente, para nada sorprendente. La cadencia me seduce, es ese sonido repiqueteante que se multiplica y eleva exponencialmente a cada paso lo que me pierde. Entonces cierro los ojos y mientras me empeño en disimular una sonrisa demasiado grosera, el ritmo se va fundiendo gradualmente hacia un silencio de ondas constantes.
- “Si me ausento es que nunca vine; si me tuerzo, lo contrario”.
Un degenerado egoísta: eso es todo lo que soy. Cuando el aire se detiene y todos los movimientos cesan por completo, siento unas ganas locas de follarme al conchudo y elegante vacío.
Pero eso no tendría porqué interesarles.
Soundtrack: The Pink Room, por Angelo Badalamenti.

