21.10.2004 / Un libro de los muertos
(…) La pistola tirada en la polvorienta alfombra.
En extremo pavor regreso y la levanto tan cuidadosamente
que el segundo disparo, también no intencional,
hizo mella en la baranda de madera dura
y revivió un extraño y brillante aroma a savia antigua
en un rayo de polvorienta luz solar.
Absolutamente solo
en plena conciencia del mecanismo.Como la primera vez que posás tu boca
sobre una mujer. (…)William Gibson
Ayer se anunciaba aquí la vuelta de Gibson a su blog. Mientras que hoy, La Idea Fija acaba de publicar lo que venían prometiendo desde hace un tiempo: Su poema Agrippa: un libro de los muertos, cuya traducción al castellano estuvo a cargo del mismo Saurio. ‘chas gracias.

