20.10.2004 / No feelings

“Submission” (c) Antonio Alay
Parado en la mitad de las escalinatas pude ver cómo nos íbamos convirtiendo de a poco en la baba que destilaba la escarcha. Nadando en ese océano helado a punto de petrificarse, todos devotos de la salvación holográfica, arquitectos del ritual, miserias de ayer y hoy, el estallido mental y las estanterías empolvadas.
La noche ha caído pero sin embargo ya no queremos las luces de tu secta iluminada. Tampoco las de ese hermético paquete elitista de insecto posando para la telefoto. Porque, después de todo, ¿qué quiere decir la casta de poetastros y sus sagradas escrituras, cuando insinúan que las cosas ya no son como solían ser? ¿Acaso no se han conmovido, al pronunciar esas palabras, de ver el frío y estéril espejo que pretenden ser con tal de no ser ellos mismos? ¿De qué carajos hablan los dudosos mesías de esta provincia incendiada, aquellos que en el fondo buscan desesperadamente un sillón donde apoyar el culo para cagar cómodamente las mismas banalidades de siempre?
Demasiado: ser otro, patético, aparente, restringido, incoherente, dios sin argumento, reflejo en un charco de cemento.
Ese es el anzuelo que mordieron.
Etiquetados y clasificados bajo un riguroso y previsible inventario. Doctorados en un estricto abecedario, todos con sus correspondientes himnos y uniformes. Esgrimiendo un gesto plastificado acorde a cada actitud. A cada convenio. Y a cada insignia.
Un círculo vicioso de autómatas reproduciéndose sistemáticamente, bajo obediencia debida, en cada tic nervioso del más sagrado de los dogmas.

