25.3.2007 / Los pescados: las leyes del mambo

I
Aquí, en las afueras de esta ciudad o dentro de este cubículo alejado del mundo, en esta atmósfera blindada donde el bondadoso ladrón o asesino mastica el vacío de la eternidad. Aquí el lujo placentero de los vivos escapa de la acogedora muchedumbre con una cuarenta y cinco en la guantera de su automóvil. Aquí, en este paraje o recinto, donde un insecto pulula sobre la sangre o la transpiración de un anciano que roba el veneno de todos los espectros flotantes de un mercado de chinos muertos, porque ya no encuentra en su mirada el odio caliente de la salvación, sino tan solo el amor barato de la derrota. Aquí todos sabíamos esto. Hasta la reconfortante violencia de esa rata ucraniana que se hospeda en el décimo cuarto piso de esta villa de miserables, lo sabía. Hasta el chupa-conchas que aguarda en el callejón con su barra de hierro, lo sabía. Hasta esos jetones de la bonaerense, que han activado la bomba, saben que yo sé y yo sé que ellos saben, que sabíamos esto. Y mientras la humanidad lustra el poderoso mango de marfil blanco de su cuchillo, las voces inventan el tiempo sobre ese cráneo que vemos desvanecerse como una roca de hielo.
Cuando yo fui viejo me importaba un carajo si la verdad lo significaba todo, tan solo me limitaba a oír las voces provenientes del maravilloso misticismo del mambo. Cientos de miles de voces que se anunciaban a sí mismas, algunas rasgando ese ácido de las entrañas, otras arrastrándose muertas como zumbidos desfallecientes o músicas electrónicas. Las voces nos otorgaban la calma, el éxtasis del desmadre sin siquiera un miserable derramamiento de sangre, lo que determinaba una esclavitud mental que solo nos proporcionaba la medida justa de antídoto para sobreponernos a la presión del medio existencial.
Cada mil años afloraba del recóndito culo del mundo, como un viajero del tiempo o del calabozo de este inmenso reducto insignificante, algún hijo de una puta que trascendía de entre toda la gilada para experimentar nuevos delitos o placeres. Desde aquel son intangible de los silencios, reconocí el viejo ruido de un cañón que esparcía sobre la niebla inmunda una multitud resplandeciente de cuerpos de hombres con pieles de reptiles, con cuerpos de mujeres con ninfas cocidas, con senos de algodones. Ahora el peligro era contemplar una pradera de hierbas verdes, de amapolas, un plácido valle atravesado por un río de aguas claras, muy similar al vientre de una cabaretera puta.
Todo residía en ese círculo de la amistad de las cosas. La armonía era el producto del cataclismo habitual. Todo el sentido de las cosas estaba directamente correspondido al caótico estado de las cosas.
II
Sí, conocía el riesgo por aquellos relatos que rondaban como buitres por la mente humana. Sin embargo era como oír pájaros maldiciendo esa suerte de volar.
El riesgo era conocido hasta aquel entonces por esos estudiosos de las lenguas como una representación negativa hacia lo que por alguna razón se había calificado de peligroso u ostentador. El peligro, entonces, era la consumación del riesgo: cuando por fin lograbas frotarte por la raya las ochenta mil paginas escritas sobre leyes, o permisiones o prohibiciones de no sé que carajo. Y allí estaba yo, en esa fiesta del mundo, en medio de todo este asunto que me obligaba a hablar con cierta educación, refiriéndome a tal o cual cosa.
No hace mucho concurrí a un especialista que conocía algunos datos interesantes y se hacia llamar el “Capitán”. El Capitán era otro viejo invento de esta nación horrenda llamada universo.
El riesgo es el proceso de elaboración del problema experimental básico. El peligro se divide en ciclos, que son las fases por las que va pasando el individuo antes de concretar el acto en cuestión. Como mencioné antes, el riesgo tiene relación directa con el ciclo de iniciación del peligro, es decir que en un comienzo se encuentra en un estado de exploración, dígase experimental, de lo que puede o no puede, de lo que es o no es. Debe existir una exposición del ser hacia lo que está redactado en los mandamientos o en los panfletos que gobiernan los estímulos, debe existir la guerra o la confrontación para que se desarrolle el proceso es sus etapas primordiales.
En el ciclo medio, encontramos un individuo que ha restablecido un orden en aquella alteración en la cual se veía involucrado por motivaciones recurrentes. Sin embargo, tan solo ha hallado la resolución parcial o momentánea al problema inicial, y se ha trasladado hacia otro plano donde surgen nuevos interrogantes o peligros que deberá afrontar, ya que en este nuevo nivel de emociones no existen leyes que lo sometan a la ineptitud mental o a la presunta frustración. El individuo como concentrador de energías siempre será atraído por esa tentación continua que constituye al riesgo como el principal factor de reto. Realmente, ya no podemos referirnos al peligro por que este ha mutado en un mundo, en un universo luego, y finalmente en un todo sobredimensionado.
El ciclo final no tiene definición alguna, porque nos encontramos perdidos en él y todo es nuevo, maravilloso y fantástico.”
Después de todo el sermón, el Capitán se echó con sus piernas blancuzcas sobre ese floreado sofá que había sobre un rincón de la jaula, diciendo:
- Aquí soy un paraguayo indocumentado, pero en Paraguay, la tierra de todos mis ancestros, era un puto brujo. ¿Te das cuenta?
- No tenés el acento de un puto extranjero, mas bien pareces un puto chiflado loco de la mesopotamia – le digo sonriéndome.
El Capitán levantó por primera vez esa mirada podrida derramada como de un inodoro. “Tardaste en hablar, pendejo”, me dijo. Y entonces comenzó a reír como un desalmado hijo de puta, mientras manoteaba el resero de Roque que era el otro matón que administraba el negocio de la curandería.
Voltéense.
III
“Pero si los ojos de esa señora Soledad suben a mi tren esta noche, preciosa, te enseñaré que el mundo es una cornisa donde solo respiras el aliento que se evapora por mi garganta. Pero si mi tren se detuviese esta noche, preciosa, mi corazón sería arrancado por esa locomotora que se mueve a la velocidad del tiempo atravesando el dorado desierto de la nada.”
IV
La luz se nos hizo fuego, mamita negra, llamaradas lechosas. Mi voz escupía la frecuente lágrima mojada del lluvioso amanecer mecánico y mi culo cristiano se sacudió relampagueante con un swing de drogado. Desde aquella radiación de lo elemental y a la vez efímero o constante o monótono, flasheaba con esas lenguas alienadas y enroscadas en un mismo hilo tenso de saliva corporal. Allí venían las putas pechugonas del tiempo cabrón, publicitadas por una voz rasposa desde la letrina del pedestal de las super estrellas del opio.
Para aquel entonces, solo vomitaba tiempo en mis pantalones de leopardo y tragaba saliva aceitosa mientras mi puño de golpeador invicto temblaba entre el frío de las calles. Nadie presentía la guerra que se venía inoculando bajo el calor de esas frazadas húmedas. Nadie había olfateado aún ese destino patrocinado por la policía imperial que a través de los azotes se había manifestado entre nosotros, enseñándonos que la autoridad ya no tenía el rostro de una pendeja culona. Nadie. Jamás. Siempre habíamos estado actuando bajo esa conmoción maldita de un desertor que ataca a los libros para no ser reducido a bastonazos. Lo que es pura mierda.
Rómulo era el perro de la verga cortada a la mitad. El resto se lo había jugado en una de esas violentas riñas callejeras del Gran Buenos Aires. Era considerado el perro más inútil, canalla y puto que rondaba por las calles buscando un hogar caliente. Sin embargo, era amado por aquella tibia gilada de carne y hueso que llevaba adelante los planes destructivos de toda raza humana.
“Reto al mundo. Reto al mundo entero a cortar su verga y tenderla de los cielos de la cruces. Los reto a ustedes canallas de mierda a cortar sus vergas. Y reto a toda la humanidad entera, con su verga cortada, a ser reconocidos o amados por esa tibia gilada de carne y hueso. Vos, inútil gusano, te convertirás en Rómulo y viajarás solo en el mundo hasta la silla eléctrica.”


26/3/2007 @ 12:20 am
Vaya…me hizo recordar cuando salia la Cerdos,a su primera pagina y como te escupía el viejo Simns.
26/3/2007 @ 9:09 am
^^-
nice.
(tiene razon pepe fiuuu! aunque yo recien las pude leer hace poco)
-J.
28/3/2007 @ 7:55 pm
vomitaste buena mierda forum culo
y es cierto, todavia me estoy secando la saliva de Symns -con gusto a ginebra- del monoculo con el que lei este maldito texto maldito
28/3/2007 @ 11:09 pm
estimado J la rata: yo tengo una pila considerable de cerdos y peces. En un post anterior usted decía que tenía una colección o algo así. Es sabido que los que las tienen no las largan; así que por qué no buscamos alguna forma de intercambio o incluso de socializarlas al mundo todo (fotocopias, escaneos o lo que sea).
2/4/2007 @ 8:50 pm
Siempre Symns… ¿Alguien alguna vez le preguntó al Viejo sobre o que opina de internet?…
3/4/2007 @ 10:22 am
¿Lo que sea? dijo el desconocido…aquí hay algo:http://www.lacoctelera.com/coveraro
4/4/2007 @ 9:07 am
Como ese grano que molesta mucho, insisto con mi subversion ratonera.Es mi deseo recrudecer,me gustaria a través vuestro convocar a una decenas de héroes que me acompañen…http://www.lacoctelera.com/coveraro
30/4/2007 @ 12:58 pm
a que hace alucion el banano
30/12/2007 @ 4:29 am
Me recordó mucho a los textos de Kerouc y de Ginsberg. muy buen escrito siento haberlo copiado, pero la verdad me gustó.