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20.1.2005 / Calor y ocio en Las Vegas

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Para estas épocas vacacionales siempre aparecen libros. Ya sea para leerlos durante la quietud casera que brindan estas noches de calor o para llevarlos en la mochila del viajero y explorarlos de par en par, en tierras lejanas.

Un par de días antes de darme a la fuga hacia tierras cordobesas, Estrella distante me prestó Quemando Cromo de William Gibson para llevármelo de viaje, libro que vengo queriendo leer desde hace rato sin quemarme las pestañas a causa de la pantalla. Pero debido a esos despistes que me caracterizan, esa recopilación de cuentos nunca se fue de viaje conmigo.

Afortunadamente, algunas revistas compradas a último momento en los puestos de la estación Retiro, salvaron los ratos de lectura del viaje. Y, también de la mano de Estrella, un pequeño librillo de poemas de Jorge Aulicino, de quien jamás había leído o escuchado nada acerca de él. El libro en cuestión se titula Las Vegas; aquí dos poemas extraídos de él:

FLAMINGO HILTON

Elevadas las rosas, secas las paredes.
Los pasos apurados por las habitaciones.
El celofán guardado en los placares.
Ahora, como si patearas masas de cables viejos en la calle,
exigirías respuestas a los problemas manufacturados
con que te engañaste a lo largo de muchos años.
Banalidad en la historia íntima de cada casa actual
Y de todas las casas ya desaparecidas: los regalos,
Las enfermedades, las cenas, los patios, las cortinas.
Las rosas son elevadas, las paredes son secas
–mueren después, duran años con sus manchas,
Pero no tienen el color de la rosa y su enervante delicadeza.
Rosas o flamencos en las grandes mañanas
señalan un itinerario en el que nadie se confunde.
Esto es rojo, aquello es rosa, la materia es tenue.

LA CONCHA MOTEL

Tu pensamiento es una dinastía destruida
de la que escapás con elegancia aceptable.
Tocaste la ágil guitarra de alguna filosofía
mientras no habías descubierto su tara hereditaria.
Fuiste sabio mirando paredes pintadas de rojo
o verde bajo la extraña latitud de unas lámparas de mostrador.
Amás la desierta certeza de un clima, la decoración
en la amplitud, los vientos que golpean el cemento
y las cañerías, las antenas sobre los pelados montes.

Jorge Aulicino

Si les interesa, en la web de Zapatos Rojos hay más poemas de ese mismo libro.

Y ya que hablamos de Las Vegas, paso a recomendarles un film que ya tiene varios años: no aquel en el que Johnny Depp encarna al alucinógeno Hunther Thompson, sino este otro que retrata la bellísima historia entre un guionista de cine fracasado (Nicolas Cage) que viaja decididamente a la ciudad de los casinos para morirse borracho, y una dama que practica el oficio más antiguo del mundo. (Tip: dicen las malas lenguas que Cage grabó varias escenas borracho para representar el papel con mayor “naturalidad”).

Para la quietud casera que brindan estas noches de calor, como decía.

Escrito por chinaski · Comentarios (7)

1.1.2005 / En definitiva (reprise)

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Hay que estar siempre ebrio. Todo consiste en eso; es la única cuestión. Para no sentir el peso horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como queráis. Pero embriagaos.

Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de un foso, en la triste soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a las olas, a las estrellas, a los pájaros, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que gira, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, las olas, las estrellas, los pájaros, el reloj, os contestarán: ‘¡Es la hora de embriagarse!‘ Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos; embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud, como queráis.”

Charles Budelaire

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27.12.2004 / Cyber-Claus

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Para el pasado 24 de diciembre, William Gibson publicó en su blog un cuento corto cuya trama transcurre en la navidad del 2007. El relato fue publicado originalmente en el Washington Post Book World el 1 de diciembre de 1991, bajo el título de Cyber-Claus.

(vía Boing-Boing)

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27.12.2004 / La hija del fuego

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Sylvia Plath

Era bonita, de buena educación y culta, con una enorme capacidad intelectual y poética. De buena aceptación en los círculos literarios y una asombrosa precocidad para escribir. Tuvo becas, méritos, premios, fama, y pretendientes de sobra. Pero todo eso no le alcanzó para disipar su infierno interior, ese fuego negro que trató de exorcizar a través de la escritura: tuvo el don de la palabra escrita y a este don se entregó y con ella su existencia en riesgo total.

Al igual que Alejandra Pizarnik y Ann Sexton, Sylvia Plath terminó suicidándose. Una fría mañana del 11 de febrero de 1963, Sylvia se levantó pronto, en un acto de último amor materno preparó el desayuno a sus hijos, abrió la llave del gas y cocinó su propio cadáver. El último poema que escribió, daba cuenta del inevitable desenlace:

La mujer alcanza la perfección.
Su cuerpo
Muerto porta la sonrisa del deber cumplido,
La ilusión de una necesidad griega
Fluye por los papiros de su toga,
Sus pies desnudos
Parecen estar diciendo:
Hemos llegado hasta aquí, es el fin.
Dos bebés muertos hechos ovillo, serpientes blancas,
Cada uno prendido a un pellejo
De leche, ya vacío.
Ella los ha replegado
Hacia su cuerpo como pétalos
De una rosa que se cierra cuando el jardín
Se endurece y las fragancias sangran
Desde las dulces y profundas gargantas de la flor nocturna.
La luna no se habrá de entristecer,
Allá en su atalaya de hueso.
Tiene, de todo esto, la costumbre.
A rastras crujen sombras negras.

Mientras estuvo con vida, llegó a publicar tan sólo tres libros de poemas: Ariel, La campana del desamparo y Tres mujeres. Hace un tiempo, Estrella-Distante consiguió este último libro en una mesa de saldos; hoy me hice un tiempo para digitalizarlo y ya pueden descargarlo.

Además de sus poemas, el libro contiene una biografía de Sylvia si quieren ampliar data. O tal vez quieran leerla rápidamente en forma de historieta gráfica, condensada en dos partes. A su gusto.

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15.12.2004 / Waits on the rocks

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LOS AÑOS SALVAJES DE FRANK (Frank’s wild years)

Bueno, Frank se instaló en el Valle
Y colgó sus años salvajes
En un clavo que introdujo en la frente de su mujer
Vendía muebles de oficina usados
En la Carretera de San Fernando
Y pidió un préstamo de 30.000 dólares al 15 1/4%
Y pagó la entrada de una pequeña casa con dos habitaciones
Su esposa era un pedazo de chatarra usada
Hacía buenos “bloody marys”
Con la boca cerrada casi todo el tiempo
Tenían un pequeño chihuahua llamado Carlos
Que tenía una enfermedad en la piel y estaba totalmente ciego
Tenían una cocina de lo más moderna, con horno autolavable (el lote completo)
Frank conducía un pequeño Sedan
Eran muy felices
Una noche en que Frank volvía a casa del trabajo
Se detuvo en la tienda de licores
Cogió un par de botellas de Mickey’s Big Mouths
Se las bebió en el coche de camino a la gasolinera
Llenó una lata de cuatro litros
Condujo hasta casa, lo roció todo y le prendió fuego
Aparcó al otro lado de la calle, riendo, viéndola arder
Toda anaranjada como una calabaza de Halloween
Después Frank puso una emisora con los éxitos del momento
Se metió en la Autopista de Hollywood, se dirigió al norte
Nunca pudo soportar a aquel perro.

Tanto su música, como su vida, transcurrieron por caminos poco domesticados. Las letras de sus canciones, auténticos poemas teñidos de la más etílica melancolía en blanco y negro, tienen como personajes principales a toda una horda de perdedores, putas y borrachos, personajes que están a años luz de la ficción y que solían poblar los antros que frecuentaba para tocar, para beber, para vivir. Seguro que para estas alturas no hay quien no haya siquiera escuchado alguna vez su nombre, pero nunca estará demás recordarlo: Tom Waits.

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8.12.2004 / Y el alcohol se hizo poesía…

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ORACIÓN PARA BORRACHOS
Dios da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer
Farfullando sobre las rodillas de Belcebú, totalmente destrozados,
Cuando una vez más espían a través de las ventanas
Acechando, el terrible puente cortado del día.

SIN COMPAÑÍA EXCEPTO EL MIEDO
Cómo empezó todo esto y por qué estoy aquí
en esta barra arqueada con la pintura marrón descascarillada,
papegaai, mescal, hennessy, cerveza,
dos viscosas escupideras, sin compañía excepto el miedo:
miedo de la luz, de la primavera, del lamento
de aves y autobuses volando a sitios lejanos,
y de los estudiantes yendo a las carreras,
de chicas brincando con el aire en sus rostros,
pero sin compañía excepto el miedo,
miedo de la fuente volando: y todas las flores
que conocen el sol son mis enemigos,
¿estas, muertas, horas?

Malcolm Lowry

Más poemas de Lowry / Biografía / Hic!

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3.12.2004 / La experiencia religiosa

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Philip K. Dick

Philip K. Dick murió de un repentino infarto en 1982. En sus libros trata a menudo de la cualidad ilusoria de la realidad tal como nosotros la conocemos. En marzo de 1974, Dick vió lo que luego describiría como una visión del apocalipsis, y dedicó el resto de su vida a intentar comprender lo que había experimentado. Prueba de ello es su libro ‘El Último Testamento’, de donde el dibujante Gregg Rickman extrajo varios diálogos para confeccionar una historieta gráfica. Ese comic fue publicado en varios fragmentos en 1985. Tres años mas tarde fue traducido al castellano y vuelto a publicar por la revista El víbora. Ahora lo tienen aquí para descargarlo y leerlo a gusto.

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21.11.2004 / El Apocalipsis según Haring y Burroughs

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Apocalypse es el título de la obra conjunto que realizaron, a finales de los 80’s, William Burroughs y el artista plástico Keith Haring. Consistente en una limitadísima edición de noventa carpetas numeradas individualmente, comprende un mix de obras visuales de Haring y la prosa de Burroughs, que se complementan mutuamente y cuya temática gira alrededor del apocalipsis. Dos personajes muy indicados para hablar de ello, por cierto.

La serie se presentó por primera vez en Nuevo México y actualmente se encuentra en Barcelona, y se complementa con la exhibición de cortos y documentales protagonizados por Burroughs. Más info.

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