24.6.2004 / Henri Michaux: explorando los márgenes de la conciencia

Sueños sin imágenes. Sueños con palabras tratando de revelarle al yo lo que la conciencia ignora. Desprendimiento del cuerpo. Más sueños. Sueños diurnos. Una voz ya sin cuerpo y sin conciencia. Un yo que se ha fugado. La calma más absoluta, o un brusco movimiento interior que fluye y no cesa. Efímeros instantes congelados fundiéndose unos en otros: el pacífico desorden de una misteriosa trama marcada por las pulsiones de aquello que las origina. Y todo se repite de la forma más natural, indefinidamente.
Un deseo intenso e inmaculado. Liberarse del dominio propio y sumergirse en la distracción y el ensueño: viajes, cansancio, drogas. Romper las cadenas del yo estable y transportarse, en un mundo “cuya densa ausencia seguimos sintiendo cuando ya no queda nada de él”. Creación de mundos propios, alocadas comarcas. Y la experiencia del tiempo: producir un futuro para que el recuerdo se vuelva imagen de lo que en el presente aún no sucede.
Los ritmos, el movimiento infinito, lo permanente sin adornos ni monumentos, el despedazamiento, la belleza detenida frente al gran abismo que es todo y nada:
He aquí a Henri Michaux.
PRIMERAS IMPRESIONES
Como de niño no quise jugar con la arena de las playas (terrible carencia de la que me resentí toda la vida) ya, fuera de edad, me ha venido el deseo de jugar y, en este momento, de jugar con los sonidos.
¡Vaya! Qué extraña cosa al principio, esa corriente que se manifiesta, ese líquido inesperado, ese pasaje portador, en sí, siempre y que estaba.
Ya no reconocemos ningún entorno (lo duro ha desaparecido.)
Hemos dejado de tropezarnos con las cosas. Nos convertimos en capitanes de un Río...
Nos encontramos poseídos por una extraña (y peligrosa) tendencia a los buenos sentimientos.
Todo es cuesta. Los medios son ya paraísos.
No encontramos los frenos; o no tan deprisa como encontramos lo maravilloso…
Ponemos en circulación una moneda de agua.Como una campana que anuncia una desgracia, una nota, una nota que sólo se escucha a sí misma, una nota a través de todo, una nota baja como una patada en el vientre, una nota añosa, una nota como un minuto que tuviera que taladrar un siglo, una nota sostenida a través de la discordancia de las voces, una nota como una advertencia de muerte, una nota me avisa durante toda esa hora.
En mi música, hay mucho silencio.
Hay sobre todo silencio.Hay ante todo un silencio que tiene que ocupar un lugar.
El silencio es mi voz, mi sombra, mi llave… signo que no me agota que en mí se nutre.
Se extiende, se despliega, me bebe, me consume. Mi enorme sanguijuela en mí se acuesta.Cuando nada llega, siempre hay tiempo que llega,
tiempo
sin altibajos,
tiempo,
sobre mí,
conmigo,
en mi,
por mí,
pasando sus arcos dentro de mí que me consumo y espero.El tiempo.
El tiempo.
Yo me ausculto con el Tiempo.
Me palpo.
Me pego con el Tiempo.
Me seduzco, me irrito…
Me enredo,
Me sublevo,
Me transporto,
Me pego con el Tiempo…Pájaro-pico.
Pájaro-pico.
Pájaro-pico.
¿Qué hago aquí?Llamo.
Llamo.
Llamo.
No sé a quién llamo.
A quien llamo no sabe.
Llamo a alguien débil,
alguien roto,
alguien orgulloso a quien nada ha podido romper.
Llamo.
Llamo a alguien de allá,
alguien a lo lejos perdido,
alguien de otro mundo.
(¿Así que mi solidez era mentira?)
Llamo.
Ante este instrumento tan claro,
no es lo mismo que con mi voz sorda.
Ante este instrumento cantarín que no me juzga,
que no me observa,
llamo, perdiendo toda verguenza, llamo,
llamo desde el fondo de la tumba de mi infancia que se enfurruña y
se contrae aún,
desde el fondo de mi desierto presente,
llamo, llamo.
La llamada me asombra a mí mismo.
Aunque sea tarde, llamo.
Sobre todo para reventar mi techo.Para romper la tenaza tal vez,
para ahogarme tal vez,
ahogarme sin asfixiarme,
ahogarme mis piques,
mis distancias, mi inaccesibilidad.
Para anegar el mal,
el mal y los ángulos de las cosas,
y lo imperativo de las cosas,
y lo duro y lo calloso de las cosas,
y el peso y la acumulación de las cosas,
y casi todo de las cosas,
excepto el paso de las cosas,
excepto el fluido y el color y el perfume de las cosas,
y el espesor y la complicidad a veces de las cosas,
y casi todo del hombre y tanto de la mujer,
y mucho, mucho de todo y de mí también
mucho, mucho, mucho… para que pase al fin mi torrente de ángeles
en paz, en fluido, me descompone.
Mis piedras, mi muela se descompone,
mi obstinado resistente se descompone
y me extiendo hasta el dolor de los demás.
Abandonando todo respeto humano,
tranquilizo, consuelo, sano,
resucito a la muerta, abro las puertas,
avanzo para bendecir,
hablo en nombre de todos.
Arco iris.
No más procesos.
Planto el árbol del pan.ESPEJISMO DE UNA CIUDAD INDIA
¡Una asombrosa ciudad de muchachas!
Quedan aún algunos Merovingios,Orondos como ojos y caminando Orondos
Bajo el inmenso desfile incesante de nubes negras.Entre inocentes casas y lívidas casas,
Una lenta circulación de coágulos de sangre.Y la muralla, los guardias, son los grandes leprosos.
Para entrar en la ciudad, antes tuvimos que pagar el impuesto al rostro.
Henri Michaux nació en Namur en 1899. Infancia difícil… en Bruselas: indiferencia, inapetencia, resistencia. 1920: Marinero, descubre a Lautréamont y la necesidad de escribir.
1927-1931: Ecuador, India, China, Japón; parte contra, y aprende para. A partir de 1937: la pintura. 1956: primera experiencia con la mezcalina. Su ritmo: el viaje y el retiro, las palabras y los signos, aventuras de alucinación. No le gustaba que se vieran sus fotografías ni que nadie supiera demasiado sobre él. ¿No tuvo acaso razón? Están sus libros: unos treinta títulos.
MI VIDA SE DETUVO
Yo estaba en pleno océano. Navegábamos. De repente, el viento cesó. Entonces el océano reveló su grandeza, su interminable soledad.
El viento cesó de golpe, mi vida hizo “toc”. Se había detenido para siempre.
Fue una siesta de delirio, fue una siesta singular, la siesta de “la novia se retira”.Fue un momento, un momento eterno, como la voz del hombre y su salud sofocan sin esfuerzo los gemidos de los microbios hambrientos, fue un momento, y todos los otros momentos se zambulleron en él, se invaginaron, uno tras otro, a medida que llegaban, sin fin, sin fin, y yo fui arrastrado adentro, cada vez más sepultado, sin fin, sin fin.
EL VIGILANTE DEL CAMPO
Aún cuando sean enviados al último suplicio, me cuelgo del trapecio. ¿Por qué? No lo sé. Una exuberancia giratoria, una exaltación, la alegría finalmente hace que no pueda soportar el corazón dentro de mi pecho, su caricia como un nuevo tacto, mientras late con palpitaciones profundas, como meditadas, que me mantienen alerta y sin aliento bajo la amenaza.
Y yo giro y giro incansable en torno a la barra, formando como puedo con medios pobres el astro que gravita imperturbable en la noche de los siglos.
………………………
Dos bebés gigantes, profundamente embotados en una puja adormecida, se mantienen inmóviles.
Lento combate que dura años.
Uno rechaza la cabeza del otro con una mano poderosa y vacilante a la vez, que se apoya contínuamente sobre la fontonela anterior y hunde su huella en el hueco dócil del cráneo gigantesco y blando, bajo el cual un cerebro reflexiona, laboriosamente, sin duda, en una remota respuesta.
Y todo flota en el agua de un plácido y poco profundo pantano.
………………………
¿DÓNDE APOYAR LA CABEZA?
Un cielo
un cielo porque ya no hay tierra,
sin un ala, sin un plumón, sin una pluma de pájaro, sin un vahoestrictamente, únicamente cielo
un cielo porque la tierra ya no estáDespués de la explosión de grisú en la cabeza, el horror, la desesperación
después de que ya no quedara nada, todo devastado, horadado, perdida toda salida
un cielo glacialmente cieloAhora obstruido, atascado, atestado de restos; cielo a causa de la migraña de la tierra desprovista de cielo
un cielo porque ya no hay ningún lugar donde apoyar la cabeza
Atravesado, encogido, recogido, recortado, descompuesto, intermitente, irrespirable entre las explosiones y el humo bueno para nada
un cielo en adelante irrecuperable.
Puedes descargar una antología de Henri Michaux con más de 50 poemas desde la biblioteca.


1/8/2005 @ 7:29 am
Hacia la Plenitud
Me siento en esta noche, noche insomne de entretiempos. Noche canina de casas recortadas a lo lejos. Me siento un rato a descansar. Tengo el estómago pesado y un ardor que no calman los antiácidos. Deseo tomar una ginebra con tónica, para asentar los …
22/10/2006 @ 5:31 am
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19/5/2007 @ 12:14 pm
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