2.6.2007 / Camera obscura
Ahora resulta que la cosa - nuevamente - sigue también por allá…
Ahora resulta que la cosa - nuevamente - sigue también por allá…

PAUSA. Eso es lo que hace Li Wei en sus fotografías y performances: detiene el mundo y lo observa, y se deja ser observado al mismo tiempo. Son sus reflejos, o ese estado de ingravidez donde el pensamiento fluye como consecuencia de aquella abrupta interrupción y la inercia desaparece como un pedo en medio de la brisa. También están sus videos y entonces se ve claramente: en su obra hay acción, y menos o nada de photoshop o maquillaje digital de lo que imaginaste en un comienzo.
(gracias Sofía)

Por regla general me suelo inclinar por esa clase de fotografía -a menudo en blanco y negro- sin demasiada producción de estudio, sobre todo aquellas que en los tiempos de cachondeo digital que nos toca vivir prescinde de acrobacias photoshoperas y que, entre otras cuestiones, resalta la espontaneidad, la naturalidad y el azar de los hechos. Peeeeero (siempre hay peros) a veces aparecen trabajos comerciales como los de Andrea Giaccobe y entonces vuelvo a recordar, una vez más, que siempre hay excepciones para todo.

Nació en Barcelona hace 42 años y actualmente reside en Madrid. Vi sus fotos por vez primera hace un par de años atrás en un viejo número de La Fotografía, ejemplar que “tómé prestado” de la casa de un amigo más por curiosidad que por otra cosa. La nota se concentraba en presentar una serie de imágenes titulada “Expreforms”, retratos en blanco y negro muy particulares y con un grado de expresividad tal que, aunque por aquellas épocas poco y nada sabía y entendía sobre fotografía, quedaron grabadas en mi mente junto al nombre de su autor: Antonio Alay.
chinaski: Hablar de fotografía en general ciertamente implica un vasto abanico de posibilidades, pero lo que más me llama la atención en la actualidad es esta euforia por captar imágenes. Claro que este fervor no viene sino a través de la mano de la cámara digital, y es justamente de la mano de estos artefactos de la tecnología, que se genera esta compulsión binaria: no importa el “qué” ni el “cómo”, pareciera ser que todo queda reducido a pulsar el obturador como si de enloquecidos turistas se tratase, tratando de documentar absolutamente todo lo que tienen a su alrededor. En este contexto, yo mismo a veces -y no pocas veces- me encuentro tomando fotografías digitales sin mucho sentido, cosa que por cierto no me ocurre con una cámara analógica.
No todo el mundo persigue lo mismo ni tampoco todas las personas que poseen una cámara tienen la intención de crear arte con ella, sino simplemente congelar momentos del día a día. Como mencionas en uno de tus posts, la herramienta en sí no condiciona -o no debería condicionar- el resultado final, en el sentido de que “la música del cuadro” es independiente a ello. Pero creo que de alguna forma este nuevo soporte -el sensor digital- altera o influye en gran medida en la manera de percibir la toma: no existe ya esa necesidad de previsualizar mentalmente la foto antes de hacer la toma, o creo que la suprime en gran parte. Del mismo modo, existe una gratificación instantánea al poder visualizar la foto ni bien fue hecha la toma, algo realmente interesante pero que también puede ser un arma de doble filo, sobre todo para aquellas personas que aún se encuentran en pleno aprendizaje y desarrollo fotográfico. Frente a todo esto, y sin intenciones de caer en esa confrontación analógico vs. digital, ¿qué opina un fotógrafo como vos que, habiéndose iniciado en esto hace décadas, aprendió a plasmar sus visiones a partir de la película y el papel?
Antonio Alay: Creo que desde la aparición de la camara digital popular, como sucediera cuando irrumpe Kodak con la cámara Brownie en 1888, la democratización de la realización de imagenes es compulsiva y en muchísimos casos terapéutica y argumentada, como siempre, por la necesidad del testimonio visual ante la incompleta o torpe descripción a través de la palabra - el lenguaje hablado. No todos somos “narradores”, sin embargo todos sabemos apretar un botón.

“Expreforms”. © Antonio Alay

“Las miradas perdidas”. Izquierda: Macarena Carmona Heredia. Derecha: Gonzalo de Castro. © Antonio Alay
Seguramente, el estilo de vida digital ha profundizado enormemente en las sociedades avanzadas. Hablamos de “soportes”, de “archivos”, de “sistemas” caracterizados por su fácil disponibilidad, su inmediatez, su portabilidad, su peso… Sin embargo, empleamos Internet para contemplar un cuadro de Caravaggio, un reproductor de MP3 para escuchar a Charly Parker o una camara digital para “capturar” la Sagrada Familia de Gaudí, por citar tres ejemplos. Los temas no cambian, solo han cambiado el modo de percibirlos. El término CAPTURA, en el ámbito fotográfico, se refiere al acto de digitalizar una imagen de la realidad. Los propósitos pueden ser diversos, pero, como en otras formas de expresión, existen distintos lenguajes y la necesidad, o no, de crear historias con lo que hacemos. Es decir, la fotografía digital es un medio como lo es la fotografía analógica, con una distinción clara en cuanto a sus características a la hora de realizar una imagen y los costes de producción, pero esto solo son aspectos obvios. Lo que nos lleva a percibir las cosas de otro modo es el lenguaje que puedas utilizar, lo que puedas estar contando. No es, como vemos, una confrontación entre analógico vs Digital, sino de -facilidad de uso- frente a -complejidad del lenguaje-, es decir, tan sólo es cuestionable el posicionamiento como “hacedor de imagenes”: tus propósitos condicionan tus resultados. Si tienes cosas que contar, ganas de expresarte, con una cámara es más sencillo que con el lenguaje, de manera que para contar lo mismo es indistinto el medio que utilices. Aunque en la práctica puedan establecerse distintas preferencias según el “narrador”. Tu “captura” de atenciones se basará en lo que estés contando. La calidad o la naturaleza del medio empleado pueden ser secundarias. Los medios pueden ser mas o menos vulgares, como son el tipo de imágenes que vemos, como lo son los distintos lenguajes que empleamos.
En el ámbito del lenguaje fotográfico evolucionado encontramos que ambos medios son igual de válidos y se emplea uno u otro, o ambos, según los propósitos de la producción, incluyendo, por supuesto, la auto-producción y la generación de imágenes digitales directas sin “captura” en cámara. La ventaja que podemos tener quienes exprimimos lo que pudimos la fotografía tradicional es precisamente la percepción en la belleza del lenguaje clásico y la dimensión físico-química de la fotografía. En nuestra sociedad no hay tiempo para casi nada, ni empezamos a disfrutar de un momento cuando estamos pensando en qué hacer al siguiente. De manera que quien se mete al laboratorio B&N para realizar una serie de 30 copias 40×40 rodeado de químicos, o es un loco, un snob o un artista ( o los tres a la vez ). Por otra parte, la inmediatez produce tambien insatisfacción y despropósitos. Poder hacer 1000 “capturas” en una tarjeta de 1 Giga es en ocasiones vital y en otras un exceso de una simpleza extraordinaria. Por citar recientes trabajos, un ejemplo claro de necesidad digital fue la serie que realicé “capturando” imagenes del televisor en un hotel de Tokio. Por otra parte: un ejemplo claro de necesidad analógica fue la serie Las Miradas Perdidas: retratos en blanco y negro.

“Viaje a Tokio”. © Antonio Alay
En una dimensión menos tangible, el placer de realizar una fotografía no debe sustituir al placer de vivir por completo ese momento. Es decir, antes es necesario mirar y percibir, y después, si cabe, “capturar”. Además creo que debe ser un acto fotográfico convencional/automático para quien lo realiza. Por citar a los clásicos, para Diane Arbus la imagen final era el premio tras emocionarse con los momentos junto a sus “modelos” , momentos creados por el deseo de fotografiar: una experiencia de vida. Ella cargaba con varias cámaras, entre ellas una voluminosa y pesada Speed Graphic. Seguramente, si hubiese vivido en nuestros dias sus años de mayor producción hubiese cargado también con una cámara digital.
Antonio Alay / Alrededor de la fotografía / Portfolio

Quién otro para mostrarle lo que sucedía durante la Guerra Civil Española a los ojos del mundo. O el desembarco de Normandía. O la creación del estado de Israel. Entre el sudor, el sufrimiento de un pueblo, la desesperación y el olor a pólvora que desprendían esas criaturas que, en plena batalla o ya encaminados a ocupar los casilleros vacíos de los obituarios, entraban y salían rápidamente de la extensión de sus ojos.

Un atardecer grisáceo en Thai-Binh (Vietnam). Una ráfaga de proyectiles salida de ningún o de todos lados. Una trágica consecuencia de lo que siempre sostuvo: “Si tus fotos no son suficientemente buenas, es porque no te encuentras lo suficientemente cerca“. Murió mientras se encontraba en plena labor en mayo de 1954.

Retrospectiva Robert Capa (1932-1954) en el Centro Cultural Borges / hasta el 19 de abril / Viamonte y San Martín / Buenos Aires.
El asunto está bastante bien; hay alrededor de 50 fotografías en exhibición, muchas de las cuales no son precisamente las más conocidas. La entrada vale 5 o 6 mangos pero si llevás la libreta de estudiante te cobran la mitad, y si no sos estudiante igual llevá un pedazo de cartón pintado que ni siquiera la abren. Como siempre hay un ortiba que al verte la cámara colgando te dice “no se puede sacar fotos aquí”, pero para esa altura ya había visto y hecho todo lo que tenía que ver/hacer.
No se la pierdan.
Si tienen pensado suicidarse, al menos háganlo con creatividad.
Entre tanto estallido de flickr como sistema de publicación de fotos, hace un tiempo decidí abrir mi propio fotolog luego de conseguir la tan esperada cámara digital. Demás está decir, esa es una de las tantas cosas que me han mantenido alejado de esto.
Así que, para todos los que gusten de la fotografía, quedan invitados a darse una vuelta por ahí.
Update: Si alguno de uds. tiene un fotolog, queda invitado a que lo publique en los comentarios así de paso veo lo que hacen. De curioso, nada más.

“Kevin Carter” es una canción de aquella fabulosa banda galesa llamada Manic Street Preachers. Antes de presentar el tema en cuestión, sería bueno ahondar un poco en el perfil al que suscribe la banda, para así poder entender el grado de compromiso de sus líricas: dejando un poco de lado la música en sí y la fuerte estética, se encuentran la aguda y satírica pluma psicobolche de Nicky Wire y Rickey James (mentores ideológicos del grupo), los cuales no hacen sino resumir, en ocasiones con concisa mordacidad (podemos citar letras como “Faster” en la que se mofan de líderes autoritarios, “Repeat After Me” y “We Her Majesty Prisoners” donde sus dardos apuntan a la figura de la realeza, y mi favorita “If White America Told The Truth For One Day Its World Fall Apart” en la cual se meten en la piel y carne de Ronald Reagan, Margareth Thatcher y otros para sintetizar en tres minutos y monedas de canción la política de subordinación y sumisión que ha mancillado a Latinoamérica, lanzando memorables despliegues de ironía como “imágenes de perfección, suntam y NAPALM/ Granada, Haití, Polonia, Nicaragua/ A quién vamos a elegir para dirigir nuestra moralidad?/ Estoy pensando ahora mismo en las tragedias de Hollywood”), algunas con estupendo e inteligente sentido del humor (el reflejo de la sociedad consumista americana en “Slash N Burn” o una socarrona parodia de le Guerra Civil Española en “If You Tolerate This Your Children Will Be Next”) y otras de desoladora crudeza - ésta que presento pertenece a este grupo.
La canción se llama “Kevin Carter” en alusión al fotógrafo de la revista antiapartheid, “Weekly Mail”, premiado internacionalmente por su trabajo en África. Miembro del Bang Bang Club (el cual es citado en la canción misma), junto con un grupo de fotógrafos decidieron dedicar su vida a transmitir, mediante el poder de las mismas imágenes, postales del horror de la guerra, el hambre y la miseria en carne propia, con el fin de despertar conciencia de sus pares, dándole un nuevo significado a un oficio tan presuntamente fútil como lo podría ser un fotógrafo, un testigo mudo de la realidad.
Su fotografía más famosa -que le otorgó el premio Pulitzer de 1994- dió vueltas alrededor del mundo, cubriendo su nombre de un reconocimiento que él comenzó a odiar hasta el límite de lo intolerable: en la misma, mostraba un pequeña niña negra yaciendo en el desierto, ultrajada por la desnutrición, mientras un buitre se encontraba a su lado, a la espera de lo inevitable. “Esta es la imagen con la que he conseguido más éxito (…) pero no quiero colgar en la pared. La odio” - declaró a la revista American Photo. Acerca de esta imagen, David Suárez escribió: “el encuadre de Kevin Carter es el mismo que el del ave de rapiña que espera impaciente la muerte del niño. Son dos testigos de una misma agonía: para el buitre, el plato a devorar; para el fotógrafo, es la imagen maldita de la muerte del hombre, de todos los hombres“.
La culpa y la verguenza aumentaba en proporción a la celebridad del fotógrafo: a pesar de la aberración de la cual sus ojos eran testigos, no había podido soltar su cámara para socorrer a la niña, y este acto de cobardía se había materializado en un premio Pulitzer y en la portada del Times. Tiempo después, se quitó la vida.
“Kevin Carter”- Manic Street Preachers (de “Everything Must Go”):
Hola, revista Time, hola, premio Pulitzer
Cicatrices tribales en Tecnicolor
“Bang Bang Club” AK 47* hour
Kevin Carter
Hola, revista Time, hola, premio Pulitzer
El buitre acechaba la mentira de la pipa blanca sin cesar
Gastando tu vida en blanco y negro*
Kevin Carter, Kevin Carter
El elefante en el que él apoya su cabeza para dormir es tan horrible*
Clic, Clic, Clic, Clic, Clic
Ahogate en el clic
Kevin Carter